el árbol como representación del genius loci

sobre el breve tratado del arte involuntario

Releo estos días el libro de Gilles Clément Breve tratado del arte involuntario. Es un libro que va y viene. Tiene vida propia. Puedo pasar meses e incluso años sin saber de él y de repente…aparece en el momento necesario.

El arte necesita atención plena, mirada precisa, análisis, crítica, estudio previo, estudio presente, estudio posterior. Digestión. El arte, según Gombrich, es fruto de un momento cultural y social determinado y enclavado en una época. Por este motivo, al cambiar de época y contexto cultural el arte cambia, evoluciona. Estoy bastante de acuerdo con esta definición aunque, escasa por que no estamos haciendo un ensayo, creo que falta la dimensión simbólica. El arte es la materialización (ya sea música, escultura, pintura, fotografia, etc…) de un concepto (o varios) simbólico que te permite, como humano, entender tu posición en el mundo a través de la técnica. Lo sé, es una posición muy de «todo o nada» pero para que el arte te transforme debe ser todo o nada. Si no es así creo que es sólo una solución que embellece (o no) un espacio y te hace sentir más o menos cómodo.

Dicho esto (y repito, es sólo un resumen rápido para entender mi visión del arte) va y aparece Gilles diciendo que hay otro tipo de arte que aparece sin estatus previo y sin discurso, a menudo desapercibido y casi nunca valorado. Es ese «arte» que suele ser efímero (en realidad casi todo es efímero, ¿no?) y sutil y que conviene analizar con una mirada aguda, crítica y desprendida de todo prejuicio. Es un arte que siempre aparece por lo «accidental e involuntario» de la naturaleza.

Una acmulación de residuos en una verja movidos por el viento, un haz de luz, una acumulación Es un arte sin estatus, sin discurso, tan carente de mensaje que uno puede leerlo, finalmente, por lo que representa —una figura del azar— sin estar obligado a llevarlo más allá de sus propios límites. Es un arte desvalido, privado de acciones y misiones oportunas; se zafa de la política, se muestra con prisa y desaparece de inmediato. Privado de consistencia útil, nadie puede sacar partido de él porque no pertenece a nadie. Es un estado de ser fugaz y sutil. A veces una luz atravesando unas copas de unos árboles en un bosque creando un claro, otras veces la propia acumulación de agua por lluvias en un estrato poco drenante, otras veces el ruido del paso del viento a través de las hojas de los árboles… Ese arte surgido de lo cotidiano y accidental, no pensado, no predeterminado. Me pregunto ¿es entonces arte? ¿Si no hay un carácter simbólico y trascendental se puede hablar de arte? Para mí, evidentemente no, pero lo que creo que quiere hablar en este libro Gilles Clément es de nuestra predisposición ante un evento, un objeto, un fenómeno. Debemos estar atentos. Debemos saber observar, analizar, estar preparados para para encontrar la belleza en todo momento, lugar y situación. Por eso es necesario construirnos una predisposición que pueda desplegarse cuando menos lo prevemos.

Creo que Gilles Clément podría haber enlazado perfectamente este texto con el libro JARDINES, PAISAJE Y GENIO NATURAL. En este libro (breve también) Gilles propone que tod@ jardiner@ debe escuchar el genio natural del lugar donde se interviene, haciendo todo lo posible con la naturaleza para ayudar a expresar lo que ese lugar es. A veces la intervención requiere una obra de gran envergadura, otras veces no. Lo importante en cualquier caso es saber escuchar, observar, analizar el espacio. Entender qué es, cómo es, dónde está la belleza del lugar, su esencia, su genius loci.

Así pues me atrevería a decir que Gilles, en muchos de sus libros y conferencias nos explica que su oficio es 90% observación y 10% intervención. Sólo así se puede entender su trabajo sobre el Jardín en Movimiento, El Manifiesto del tercer Paisaje, Elogio de las Vagabundas, el Salón del perejil gigante, etc. Todo surge de la observación atenta, reflexiva crítica y personal. La observación como arte, como parte fundamental e indisociable, y necesaria de nuestro ser para encontrar la belleza.

Sé que esto que he escrito ni lo entiende ni lo asume la mayoría de las personas. Estas personas no saben observar tal como propone Gilles, ni analizan su entorno tal como propone Byun Chul Hang en sus ensayos y se abrazan a la posmodernidad sórdida, plana, kitsch, explicada por Jean-François Lyotard.

Gilles es un superviviente en una isla en medio de un océano que con sus libros construye faros para que no nos perdamos y podamos seguir navegando siguiendo nuestra propia ruta.