Tenemos la fortuna que en español y catalán ser y estar, aunque parecidos, son distintos. Ser implica cualidades como identidad, relaciones, presencia, esencia…En cambio estar implica estados temporales, ubicaciones, estados,…
Estos días atrás perdí a un ser muy querido. A un familiar. Esta persona me cuidó, me educó y me mostró cómo era aquello a lo que me dedico ahora sin saberlo (ni ella ni yo).
Un árbol, cuando muere, lo hace de forma lenta, intencionada, desprendida. Se toma su tiempo y deja que su despedida sea un último aprendizaje para todos. El árbol sabe que él «es» gracias a su entorno y que, cuando llega su hora debe devolver todo aquello que utilizó para «ser«. Por lo tanto es gracias a lo que le rodea (aire, agua, sustrato, roca, minerales, vida microbiana, vida macrobiana, flora, etc) puede «ser» y también «estar» durante un periodo de tiempo en ese lugar. Y cuando se va, devuelve lo que tomó prestado para que otr@s sean. Es un gran acto de generosidad: dejar de ser para que otros sean.
Las grandes personas son como árboles. Nacen, comparten y se adaptan a las situaciones, transforman su entorno siempre a favor de la naturaleza para poder vivir ellos y a quien le rodea. Saben perfectamente que no estarán bien si su entorno no lo está. Y cuando se van lo hacen dejando las claves y enseñanzas necesarias para que otras personas puedan ser.
Así era esta persona. Cálida, desprendida, cariñosa, atenta a las necesidades y una gran guía.
Se ha ido lentamente, dejando espacio y tiempo para que pudiéremos despedirnos y agradecerle todo lo que ha hecho por todos nosotros. Se ha ido. Ya no está pero seguirá siendo porque aunque ya no esté. Y como siempre seguiré sintiendo su presencia, su esencia en los momentos que la necesite.
T’estimo.
Una canción: Goodbye again (John Denver)