Belleza simulada y el planeta (asteroide) B612.

«Objetos de plástico para imitar vida pero que están completamente muertos. El kitsch es el objeto que simula un sentimiento sin haberlo ganado. Las flores de plástico simulan vida pero no ni viven ni mueren. Las plantas de plástico simulan naturaleza pero no viven, las frutas de plástico simulan abundancia pero no si pueden comer y aquí está el daño. Cuando Ud está dejando entrar la vida de plástico en su casa está entrenando su sensibilidad para aceptar las falsificaciones, está aceptando que la apariencia es suficiente, que no importa la sustancia . Y eso tiene consecuencias en todo, por que si acepta flores de plástico en su mesa acabará corriendo el riesgo de valorar amistades falsas en su vida. Si tolera belleza simulada en su hogar, tolerará virtud simulada en su moral. Y es que el entorno moldea su sensibilidad. Entonces qué hacer? Elimine todo objeto de plástico que represente a la naturaleza de su hogar. Sin excepciones. Si no puede mantener flores reales, no las tenga. Si no puede cuidar plantas reales, no tenga plantas. Prefiera el vacío honesto a la plenitud falsa y observe qué sucede. Ponga flores y plantas naturales en su hogar. Y observe qué sucede. Habrá un cambio. Son reales, van a morir, como Ud. Exigen cuidado y eso es exactamente lo que las vuelve valiosas.»

A partir de esta reflexión de Roger Scruton sobre la belleza pienso en la cantidad immensa de plantas artificiales que vemos a diario. En restaurantes, cafeterías, espacios de trabajo, hogares. El mundo de la inmediatez, de la perfección forzada, de la falsa pulcritud y estúpida eternidad han acabado por invadir nuestro espacio más cercano: trabajo, vivienda, ocio.

¿Qué coste tiene salir a pasear por la montaña y recolectar algunas ramas de arbustos y flores silvestres? ¿Qué coste tiene una planta de interior que aporta calma y serenidad? Las plantas son elementos vivos, pensantes (ver las entradas sobre Pensar como un árbol de este blog) e interactúan con nuestro medio. Si no somos conscientes de ello es que no nos permitimos el tiempo para ello. Dedicar unos minutos al día para ver cómo crecen, como cambian la orientación de las hojas en relación a la entrada de luz, al estado de hidratación, a su floración. No es cuestión de tener un jardín botánico en casa. Es cuestión de tomar consciencia sobre un elemento que está vivo que necesita ser cuidado. Y eso, como dice Sir Roger Scruton, lo vuelve valioso. Piensa en la rosa de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry .

«- Hace millones de años que las flores fabrican espinas y lo hacen porque se creen más seguras. Como mi flor. Ella es única, ¿y no se merece que me preocupe por ella? Para ella, un cordero puede significar el final. Para ella, podrían desaparecer todas las estrellas y puestas de sol para siempre. ¿Y no es importante mi pregunta? ¿No es seria? Mi flor está sola, y solo deseo que mi cordero no acabe con ella. Si alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas. Se dice: ‘mi flor estará allí, en alguna parte…’.

Y el Principito rompió a llorar, y en ese momento dejé todo lo que hacía, y me importó bien poco no poder arreglar mi avioneta y morir de sed allí mismo. Sólo deseaba encontrar la forma de evitar que él llorara y me pudiera perdonar.

– Dibujaré un bozal para tu cordero… – le dije entonces.

Poco a poco comencé a entender su dolor. Él amaba a esa flor por encima de todo. En su planeta, nacían baobabs y pequeñas flores que solo vivían un día, flores como las amapolas, efímeras. Pero un día, germinó una semilla que no sabía de dónde había llegado. Y en lugar de una de esas pequeñas flores, comenzó a crecer una flor más alta, más grande y más hermosa.

Tardó mucho en mostrar su belleza, y le crecieron unas cuantas espinas en el tallo. Pero cuando nació, el Principito se quedó extasiado con su belleza«

El principito vivia en un pequeño planeta con su flor, su única flor nacida de un rosal entre muchos baobabs. Pero era la única planta que ofrecía sus flores. Y así vio aparecer a la rosa. La rosa que lo extasiaba con su belleza… ahora cambia el texto y reescribe la historia con una flor de plástico. No funciona.

Haz de tu casa el planeta (o mejor dicho asteroide) B612. Cultiva una rosa.

nota: Recomiendo este artículo sobre la figura de Roger Scruton en Prodavinci.

nota 2: Texto de El principito extraído de la página: tu cuento favorito

Una música: Aria de Casta Diva , Opera Norma (Bellini)

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