Puesto en otra escala para que tengamos más prespectiva: en 2025 ardieron unas 7 ha de monte por cada 1.000 habitantes. Y en el norte de Europa? Vamos a Alemania. En un año que allí también fue malo, la cifra fue de 0,03 ha. Por qué? No hay que ser un docto en la materia para entender que ni clima, ni combustible (massa forestsal) , ni cantidad de agua son iguales por poner 3 ejemplos.
Pero el dato que más nos hace pensar es otro. En 2025 hubo menos incendios que la media (8.199 siniestros, frente a 9.171). Lo que se disparó fue su tamaño (esto es importante)!!! . En España, los 63 grandes incendios del año (más de 500 ha) fueron menos del 1% de los siniestros y quemaron el 87% de la superficie. Y cinco de los dieciséis incendios de más de 20.000 ha registrados en España desde 1968 se produjeron en un solo episodio, el de agosto de 2025.
Es decir, importa menos cuántos fuegos empiezan que en qué monte entran. Para entenderlo hay que mirar tres cosas: quién los provoca, cómo está el bosque y qué hacemos (o dejamos de hacer) con él. Y esto qué quiere decir?
Para entender(me) vamos a analizar el significado de esta afirmación punto por punto:
1. «Importa menos cuántos fuegos empiezan que en qué monte entran»
- Las igniciones son inevitables: Un fuego puede iniciarse por multitud de causas (un rayo, una chispa de una máquina, una negligencia o un piromaníaco). Pretender cero igniciones en un clima seco o mediterráneo es irreal.
- El comportamiento del fuego lo determina el terreno: Un conato de incendio que empieza en un monte limpio, gestionado o con mosaico de cultivos se apaga rápidamente y apenas quema unos metros cuadrados. Ese mismo chispazo en un monte abandonado, denso, cargado de matorral seco y con continuidad de biomasa se convierte en un Gran Incendio Forestal (GIF) fuera de capacidad de extinción. Obvio pero nadie hace caso por que no puede o quiere.
2. «Para entenderlo hay que mirar tres cosas:»
A. Quién los provoca (Causa / Ignición)
Se refiere al origen de la chispa. Analiza la tipología de las causas humanas o naturales:
- Intencionalidad (piromanía, quema de pastos).
- Negligencias (chispas de maquinaria agrícola, líneas eléctricas, barbacoas, colillas).
- Causas naturales (rayos de tormentas secas).
B. Cómo está el bosque (El combustible y el estado del ecosistema)
Se refiere al estado de la biomasa forestal:
- La cantidad de vegetación seca y matorral acumulado (el «combustible»).
- El estrés hídrico de los árboles a causa de las sequías. Aquí el cambio climático tiene su papel importante.
- Si es un monocultivo muy inflamable (ej. grandes extensiones continuas de pino o eucalipto) o un bosque diverso con mayor resistencia.
C. Qué hacemos (o dejamos de hacer) con él (La gestión del territorio y la prevención)
Se refiere a la responsabilidad humana y las políticas públicas sobre el paisaje:
- El abandono rural: Al desaparecer la ganadería extensiva, la recogida de leña y la agricultura tradicional, el monte se «asalvaja» acumulando un exceso de vegetación.
- La gestión forestal: Si se realizan o no aclarados, limpiezas de sotobosque, fajas de protección o quemas prescritas.
- La paradoja de la extinción: Si nos centramos únicamente en apagar rápidamente todos los fuegos pequeños, el monte sigue acumulando combustible año tras año hasta que un día ocurre un gran incendio incontrolable.
Resumen
La frase transmite que el riesgo de catástrofe no se combate solo apagando fuegos ni evitando chispas, sino gestionando el monte para que, cuando el fuego inevitablemente empiece, no encuentre las condiciones para convertirse en una ola destructiva
¿Quién los provoca? Vamos a buscar al culpable.
El rayo es la causa de una parte pequeña de los incendios en España, menos del 10% casi todos los años. El resto tiene origen humano. Con los datos de 2015 del Ministerio de Agricultura como ejemplo: el 54% de los siniestros fueron intencionados, el 27% negligencias y accidentes, el 7% rayos y el 10% de causa desconocida. Ya empezamos a ver al culpable…
Conviene matizar la palabra «intencionado», porque no equivale a «pirómano», esto es importante. aunque veremos que el motivo seguía siendo ilegal. Según la Estadística General de Incendios Forestales (EGIF), en el decenio 2006-2015 la mayoría de los incendios intencionados venían de una quema agrícola ilegal (en torno al 38%) o de una quema para regenerar pastos (cerca del 30%). La piromanía existe, pero es minoritaria. Lo que más abunda es alguien que usa el fuego como herramienta de trabajo, de forma ilegal y el día equivocado.
Las negligencias completan el cuadro: maquinaria agrícola, líneas eléctricas, colillas, barbacoas, rastrojos que se escapan, etc.
Dicho esto, la chispa explica por qué empieza un incendio, pero no por qué acaba quemando 20.000 ha. Eso depende de lo que encuentra por delante.
¿Cómo está el bosque que arde? ¿Lo hemos abandonado?
España tiene unos 28,5 millones de hectáreas de superficie forestal (el 56% del territorio) y en 20 años ha ganado unos 2 millones, según el MITECO. Suena bien (y en parte lo es, o no?). Pero buena parte de ese crecimiento son campos y pastos abandonados que se han ido cerrando de matorral y arbolado joven, sin nadie que los gestione.
El ecólogo Juli G. Pausas (CIDE-CSIC) y Susana Fernández-Muñoz lo documentaron con 130 años de datos de incendios en la provincia de Valencia. Hacia los años setenta, con el éxodo rural, el régimen de incendios cambió de golpe: la frecuencia se duplicó y la superficie quemada se multiplicó aproximadamente por diez. Antes, el fuego estaba limitado por la falta de combustible, porque el monte se usaba. Después, pasó a depender de la sequía, porque combustible ya sobraba.
Por lo tanto, ha cambiado la cantidad de vegetación y, sobre todo, su continuidad. Un paisaje en mosaico (cultivos, pastos, bosque, caminos) frena el fuego. Varios kilómetros seguidos de pinar y matorral le dan autopista. Si a eso le sumamos olas de calor, humedades relativas muy bajas y viento, tenemos incendios que superan cualquier capacidad de extinción.
Y luego está quién es el dueño. Alrededor del 70% de la superficie forestal española es privada (a menudo en parcelas pequeñas, heredadas, sin rentabilidad y con lindes que ni el propietario conoce bien). El pastoreo, que durante siglos fue el gran desbrozador gratuito, sigue en retroceso: en la última década España ha perdido casi dos millones de cabezas de ovino (un 11%) y unas 300.000 cabras (un 12%). Ahora casi toda la explotación cárnica y de leche es intensiva. Sólo en granjas. El pastoreo es residual y no puede gestionar tal magnitud de bosque. A parte, ¿cambiarías tu trabajo por el de pastor? Por que te puedo asegurar que si algo faltaría, seria la figura del pastor.
¿Qué gestiones (o no gestiones) los favorecen?
Cuanto mejor apagamos, más combustible dejamos para el siguiente incendio. Es lamentable pero es así. Es la llamada «paradoja de la extinción». Un modelo aplicado a Cataluña por investigadores del CREAF y el CTFC (Brotons et al., 2013) mostró que la extinción puede compensar el efecto del cambio climático sobre la superficie quemada, pero solo si es muy intensa. Lo sé, suena contraintuitivo (me explota la cabeza). Pero cada incendio pequeño que apagamos es combustible que sigue ahí. Por lo tanto, en cierta forma, dejar que queme total o parcialmente es una forma de «controlar los fuegos futuros». Seria como si matando al animal nos evitamos que enferme… pero realmente lo matamos?
Veamos cómo lo afronta cada país este tipo de gestión. He pensado en 5 paises a analizar rapidamente: España, Portugal, Francia, Alemania y Andorra (y por qué Andorra? pues por que es un país que vive de las montañas y por que siendo tan pequeño, unos incendios los pueden joder por muchos años).
España. Las competencias son de las comunidades autónomas, y el Estado coordina y apoya con medios propios (BRIF, medios aéreos, UME, etc). El marco de referencia son las «Orientaciones estratégicas para la gestión de incendios forestales» de 2022 y el Plan Forestal Español 2022-2032. En la práctica, el gasto sigue concentrado en apagar: WWF estima que entre el 60 y el 70% de los unos 1.100 millones de euros anuales que gastan Estado y comunidades va a extinción. Un ejemplo de escala: en 2025, los equipos de prevención del MITECO hicieron 224 quemas prescritas sobre 1.610 ha, el mismo año en que ardieron 354.747. Los equipos son muy buenos, pero la escala de la prevención no se parece a la del problema (algo que Paulo Fernandes y otros investigadores ya advertían en 2013 para todo el sur de Europa).
Portugal. Tras los incendios de 2017 (más de un centenar de víctimas mortales), rehízo su sistema. Creó la Agência para a Gestão Integrada de Fogos Rurais (AGIF) y dio la vuelta al presupuesto: según el Gobierno portugués, la inversión en prevención pasó de 28 a 322 millones de euros entre 2017 y 2022, y en 2024 ya superaba al gasto en combate. Su gran dificultad es la propiedad (en torno al 97% del bosque es privado y muy fragmentado), y por eso ha impulsado un catastro rústico que ya supera los dos millones de fincas.
Francia. También tiene un 75% de bosque privado, pero ha puesto la responsabilidad en el propietario. Las «obligations légales de débroussaillement» obligan a desbrozar 50 m alrededor de cualquier construcción situada a menos de 200 m de un bosque (hasta 100 m en zonas de riesgo), con multas de hasta 50 euros por metro cuadrado desde 2023. Según el Gobierno francés, el 90% de las casas destruidas por incendios estaban en parcelas mal desbrozadas. El problema es el cumplimiento, que algunas estimaciones parlamentarias sitúan entre el 30 y el 50%.
Alemania. Su riesgo se concentra en el este, sobre todo en Brandeburgo, donde cerca de siete de cada diez hectáreas de bosque son pinares de repoblación (muchos en antiguos terrenos militares con munición enterrada, que impide entrar a apagar). Su estrategia es de largo plazo: convertir esos pinares en bosques mixtos con frondosas, que arden peor, más cortafuegos y más de 100 sensores ópticos de detección temprana.
Andorra. El bosque cubre aproximadamente un tercio del país y crece con el abandono de los pastos. La gestión corresponde a los siete comuns, con planes forestales que incluyen la prevención de incendios, una escala de peligro que restringe el uso del fuego y el acceso al bosque, y desbroces puntuales.
Lo que sobra fue un recurso antaño. ¿Se puede aplicar economía circular a la gestión?
Si lo miramos desde la economía circular, el problema nos resulta familiar. Durante siglos, el combustible que hoy se acumula en el monte era un recurso: leña, carbón vegetal, resina, pasto, cama para el ganado, madera, etc. Se sacaba porque tenía valor. Cuando dejó de tenerlo, se quedó allí. Por lo tanto, la economía circular aplicada a la gestión de bosques tiene sentido si hay un valor para sacar de ellos. Ahora bien… qué valor buscamos? Acabamos llegando a los valores que aportan los bosques como grandes infraestructuras verdes. A saber:
Un bosque no es solo un conjunto de árboles o un recurso maderero, sino una infraestructura natural estratégica de alto rendimiento que presta servicios ecosistémicos esenciales de forma continua, autorregulada y a un coste sustancialmente menor que las soluciones artificiales. En concreto, un bosque participa de:
1. Gestión del ciclo del agua y control de inundaciones
- Esponja natural: El suelo forestal y el dosel de los árboles ralentizan la caída de la lluvia (intercepción), reduciendo las correntadas superficiales (correntía).
- Infiltración y recarga de acuíferos: Facilita la infiltración del agua en el subsuelo de forma gradual, mejorando la calidad y cantidad de las reservas subterráneas.
- Reducción de riadas: Un bosque maduro actúa como laminador de avenidas, reduciendo la magnitud de las inundaciones en las partes bajas de las cuencas hidrográficas.
2. Protección del suelo y prevención de riesgos naturales
- Fijación del terreno: El sistema radicular de las especies arboladas y arbustivas consolida laderas y pendientes, previniendo deslizamientos de tierra y argayos.
- Control de la erosión y desertificación: Evita la pérdida de suelo fértil provocada por el viento y la lluvia intensa, impidiendo también el colmatado (acumulación de sedimentos) de embalses y cauces de ríos.
- Efecto cortavientos y amortiguación: Protege zonas agrícolas y asentamientos urbanos frente a eventos meteorológicos extremos.
3. Regulación microclimática y confort térmico
- Abono frente a la isla de calor: Mediante la evapotranspiración y la sombra proyectada, las masas forestales (especialmente las periurbanas o interurbanas) pueden reducir la temperatura ambiental local entre $2^\circ\text{C}$ y $8^\circ\text{C}$.
- Regulación de la humedad: Mantiene niveles sostenidos de humedad ambiental que favorecen el equilibrio climático regional.
4. Filtración, purificación y calidad ambiental
- Filtro de contaminación atmosférica: Las hojas y cortezas atrapan partículas en suspensión ($\text{PM}_{2.5}$, $\text{PM}_{10}$) y absorben gases contaminantes ($\text{NO}_x$, $\text{SO}_2$, $\text{O}_3$).
- Depuración del agua: El suelo forestal actúa como un filtro biológico que retiene nitratos, metales pesados y contaminantes antes de que lleguen a ríos y acuíferos.
- Depósito de carbono: Es una infraestructura clave para la mitigación del cambio climático al secuestrar y almacenar toneladas de dióxido de carbono ($\text{CO}_2$) en su biomasa y suelo.
5. Conectividad ecológica y matriz territorial
- Nodos y corredores biológicos: En la ordenación del territorio, los bosques funcionan como grandes «nodos» de biodiversidad interconectados por «corredores ecológicos» (ríos, vías verdes), permitiendo el flujo de especies y evitando la fragmentación de hábitats.
- Refugio de biodiversidad y polinización: Alberga polinizadores esenciales para la agricultura de los alrededores y fauna predadora de plagas.
6. Salud pública, valor social y servicios culturales
Espacio recreativo sostenible: Proporciona áreas de esparcimiento, turismo de naturaleza y educación ambiental sin necesidad de construir grandes equipamientos urbanos.
Beneficios de salud mental y física: La cercanía a infraestructuras verdes forestales reduce los niveles de cortisol (estrés), disminuye afecciones respiratorias y promueve la actividad física.
Para acabar, un bosque, monte (o como le quieras llamar) sin uso acumula su propio «residuo». Y lo acaba gestionando… tachán! el fuego!. Por eso creemos que hablar de prevención es también hablar de cómo devolver valor a lo que sale del bosque.
En el próximo post intentaré analizar (a ver si lo consigo) cómo son estos nuevos incendios y qué dejan detrás (CO₂, fauna, suelo, agua, etc). Y después, la pregunta que más me interesa: ¿qué hacemos con un bosque quemado?
Referencias
- MITECO, Área de Defensa contra Incendios Forestales (2026). Los incendios forestales en España. Avance informativo 1 enero – 31 diciembre 2025. Enlace
- EFFIS, European Forest Fire Information System (Copernicus). Estadísticas por país, temporada 2026. Enlace
- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Anuario de Estadística 2015, cap. 12: incendios forestales por causas. Enlace
- Maldita.es (2023). ¿Es lo mismo un incendio provocado que uno intencionado? (datos EGIF sobre motivaciones). Enlace
- Pausas, J.G. y Fernández-Muñoz, S. (2012). Fire regime changes in the Western Mediterranean Basin: from fuel-limited to drought-driven fire regime. Climatic Change, 110: 215-226. DOI
- Brotons, L., Aquilué, N., De Cáceres, M., Fortin, M.-J. y Fall, A. (2013). How fire history, fire suppression practices and climate change affect wildfire regimes in Mediterranean landscapes. PLoS ONE, 8(5): e62392. DOI
- Fernandes, P.M. et al. (2013). Prescribed burning in southern Europe: developing fire management in a dynamic landscape. Frontiers in Ecology and the Environment, 11: e4-e14. DOI
- MITECO. Anuario de Estadística Forestal 2017. Estructura forestal (titularidad de los montes). Enlace
- MITECO (2022). Orientaciones estratégicas para la gestión de incendios forestales en España. Enlace
- MITECO (2022). Plan Forestal Español 2022-2032. Enlace
- Interempresas (2026). La ganadería extensiva reclama apoyos para frenar el declive del pastoreo (datos de censo de ovino y caprino). Enlace
- elDiario.es. La ola de incendios evidencia que España aún gasta más en apagar fuegos que en evitar que se produzcan (estimación de WWF). Enlace
- Assemblée nationale, France. Question écrite n.º 9861 (respuesta ministerial de 2026 sobre las obligaciones de desbroce). Enlace
- AGIF, Agência para a Gestão Integrada de Fogos Rurais (Portugal). Enlace
- Bundesinformationszentrum Landwirtschaft / BLE (2026). Waldbrandstatistik 2025. Enlace
- HNE Eberswalde. Proyecto PYROPHOB: bosques pirófobos y resilientes al clima (Brandeburgo). Enlace
- Alto.ad (2026). Andorra intensifies forest fire prevention. Enlace