Maldito fuego. Parte III. Actuar.

Cuando se apaga un gran incendio, casi siempre aparecen las mismas frases: «hay que limpiar el monte», «hay que sacar la madera quemada», «hay que replantar cuanto antes», «con la de gente que hay en el paro y mira como está todo…». Se entiende. Un paisaje negro transmite abandono, y la reacción natural es querer hacer algo (y ya).

Pero los estudios de los últimos veinte años dan una respuesta menos obvia. A veces lo mejor es casi no hacer nada, a veces hay que intervenir a fondo y muchas veces la mejor opción está en medio. Dependerá siempre de cada situación y de realidad.

Antes de decidir: lo que no admite debate

Hay actuaciones que no dependen de ninguna filosofía de gestión. Son de emergencia y se hacen en las primeras semanas:

  1. Cortar los árboles muertos que pueden caer sobre carreteras, caminos, líneas eléctricas o casas.
  2. Frenar la erosión en las laderas con más pendiente, antes de las primeras lluvias fuertes.
  3. Proteger los cauces y los puntos de captación de agua.

Tras el incendio de Leuk (Suiza, 2003), por ejemplo, se construyeron diques para proteger el pueblo y se tumbaron troncos quemados en perpendicular a la pendiente para frenar piedras y suelo. En España, tras los incendios de 2025, el MITECO destinó 34,5 millones de euros a trabajos de este tipo (control de la erosión, restauración de cauces, retirada de biomasa quemada, reparación de pistas, etc).

Sobre la erosión hay buena evidencia. Un metaanálisis de 2021 (Girona-García y colegas, con participación del Centro de Investigación Forestal de Lourizán) concluyó que el acolchado con paja o con astilla de madera reduce la erosión de forma significativa, sobre todo si se aplica pronto, en zonas de alta severidad y con suficiente cantidad (más de unos 200 g/m2 en el caso de la paja) para cubrir más del 70% del suelo.

Resuelto lo urgente, empieza la decisión de verdad. Vamos pues a estudiar las 3 opciones (muy resumido, que no soy experto y sólo lo hago para entenderme).

Opción 1: no actuar (o casi)

Dejar que el bosque se regenere solo tiene poco de dejadez: es apostar por los mecanismos que muchas especies ya tienen para volver después del fuego. El pino carrasco (Pinus halepensis) guarda las semillas en piñas que se abren con el calor. Las encinas, los robles y los alcornoques rebrotan de cepa. Los álamos temblones, los sauces y los abedules llegan con el viento.

Los datos son bastante claros cuando las condiciones acompañan. En Portugal, el equipo de Francisco Moreira (CEABN, Universidade de Lisboa) comparó rebrotes naturales de quejigo portugués (Quercus faginea) con plantones: sobrevivió el 98% de los rebrotes, frente al 77% y el 67% de los árboles plantados en dos años distintos, y los rebrotes eran entre cuatro y cinco veces más altos.

El caso más llamativo es el de Treuenbrietzen (Brandeburgo), donde ardieron más de 400 ha de pinar en 2018. El proyecto PYROPHOB (HNE Eberswalde, servicio forestal de Brandeburgo, Instituto Thünen, etc) comparó parcelas limpiadas y replantadas con otras que se dejaron a su suerte. Los álamos, los abedules y los sauces llegaron solos, y en menos de dos años muchos superaban los 2 m. Su coordinador, Pierre Ibisch, lo resumió así: la regeneración natural fue, en conjunto, mucho más eficaz que la plantación.

¿Cuándo no funciona? Cuando la especie dominante no tiene una estrategia frente al fuego, cuando no quedan árboles semilleros cerca o cuando el bosque ha ardido demasiadas veces seguidas. El pino laricio (Pinus nigra) es el ejemplo clásico en Cataluña: no tiene piñas que se abran con el fuego y, tras un incendio intenso, sus bosques tienden a convertirse en matorral o robledal. Trabajos del CTFC (Martín-Alcón y Coll, 2016) muestran que su recuperación depende mucho de las «islas» de bosque que el fuego no quemó.

Opción 2: intervenir a fondo

Sacar toda la madera quemada, preparar el terreno con maquinaria y replantar es lo que se ha hecho durante décadas. Pero los resultados no siempre acompañan.

En Treuenbrietzen, en las parcelas limpiadas y replantadas, los equipos de PYROPHOB midieron entre 60 y 70 °C justo encima del suelo desnudo en verano, y más de la mitad de los plantones murieron el primer año. Donde se dejaron los troncos quemados en pie, el suelo se calentaba bastante menos.

En Sierra Nevada, tras el incendio de Lanjarón (2005), el equipo de Jorge Castro (Universidad de Granada) comparó tres tratamientos en parcelas de unas 25 ha. Donde se hizo la saca completa con trituración de restos, la densidad de plántulas de pino fue unas 5,5 veces menor que donde se dejaron las ramas sobre el terreno (en buena parte por el paso de la maquinaria).

Los metaanálisis matizan el panorama. El de Leverkus y su equipo (2021), con 37 estudios de todo el mundo, no encontró un efecto negativo general de la saca sobre la regeneración de los árboles. Lo que dice es que depende mucho de las condiciones locales. Pero otro trabajo del mismo grupo (2020) concluyó que la saca afecta de forma moderadamente negativa a servicios como la regulación del agua o la protección del suelo, y que no reduce el combustible de superficie (uno de los argumentos más repetidos para hacerla). Y Thorn y colegas (2018) vieron que la saca cambia la composición de 7 de los 17 grupos de especies estudiados, sobre todo de los que viven de la madera muerta.

Dicho esto, la intervención completa tiene sentido en algunos casos: por seguridad, para evitar plagas en los bordes de bosques vivos, cuando la madera aún tiene valor comercial o cuando la vegetación no tiene ninguna capacidad de volver por sí misma.

Opción 3: actuar a medias. Ni si ni no.

Es en el término medio donde la evidencia resulta más prometedora.

Dejar parte de la madera. En Lanjarón, la supervivencia de las plántulas fue del 47% donde se cortaron los árboles y se dejaron las ramas en el suelo, frente al 39% con saca completa y el 17% donde no se tocó nada. Las ramas dan sombra, guardan humedad y protegen a las plántulas sin competir con ellas por el agua. Castro las llamó «objetos nodriza».

Aclarar el regenerado. A veces el problema es el contrario: el bosque vuelve con demasiada fuerza. Después de los grandes incendios de los años ochenta y noventa en la Cataluña central, el pino carrasco llegó a formar repoblados naturales de 50.000 a 100.000 pinos por hectárea, tan densos que dejaban de crecer y apenas producían piñas. El CREAF y la Diputació de Barcelona siguieron durante ocho años las parcelas donde se redujo la densidad a 900-1.200 pinos/ha. El diámetro de los pinos se triplicó respecto a las parcelas sin tratar. Además, todos los pinos aclarados producían piñas, mientras que en las zonas sin tratar un 35% aún no se reproducía. Y dejar los restos de corta triturados en el suelo resultó mucho más barato que retirarlos, sin aumentar el riesgo (en dos años se habían descompuesto en un 50%).

Enriquecer con otras especies. En la Provenza, el INRAE ha diversificado pinares de pino carrasco quemados con 1.600 frondosas plantadas y 4.000 bellotas sembradas, de especies que rebrotan tras el fuego. Y una tesis doctoral del CTFC (Santiago Martín-Alcón) muestra que muchas pinedas submediterráneas ya se están diversificando solas hacia el roble. Cuando no lo hacen, plantar o sembrar quercíneas bajo el pinar es una opción viable.

Entonces, ¿qué decide?

No hay una receta única, pero sí unas preguntas que conviene hacerse antes de mover una máquina:

  1. ¿Qué especie dominaba y qué estrategia tiene frente al fuego (rebrota, guarda semillas o ninguna de las dos)?
  2. ¿Con qué severidad ha ardido, y quedan islas sin quemar o árboles semilleros cerca?
  3. ¿Qué pendiente y qué suelo hay, y qué riesgo de erosión?
  4. ¿Hay personas, infraestructuras o agua que proteger?
  5. ¿Cuántas veces ha ardido este lugar en las últimas décadas?

Lo sé, es menos contundente que un «hay que limpiar el monte». Pero un bosque quemado no es un solar (y tratarlo como tal suele salir caro).

En el último post de la serie veremos el cómo y el cuándo: especies, tiempos, madera, terreno y la estrategia que se plantea España.

Referencias

  • Wohlgemuth, T. et al. (2010). Leben mit Waldbrand. Merkblatt für die Praxis 46. WSL, Birmensdorf. Enlace
  • MITECO (2025). El MITECO moviliza 34,5 millones para restaurar las zonas afectadas por los incendios de este verano. Enlace
  • Girona-García, A., Vieira, D.C.S., Silva, J., Fernández, C., Robichaud, P.R. y Keizer, J.J. (2021). Effectiveness of post-fire soil erosion mitigation treatments: a systematic review and meta-analysis. Earth-Science Reviews, 217: 103611. DOI
  • Moreira, F., Catry, F., Lopes, T., Bugalho, M.N. y Rego, F. (2009). Comparing survival and size of resprouts and planted trees for post-fire forest restoration in central Portugal. Enlace
  • HNE Eberswalde. Proyecto PYROPHOB. Enlace
  • Bild der Wissenschaft. Feuerfester Wald (resultados de PYROPHOB en Treuenbrietzen). Enlace
  • Martín-Alcón, S. y Coll, L. (2016). Unraveling the relative importance of factors driving post-fire regeneration trajectories in non-serotinous Pinus nigra forests. Forest Ecology and Management, 361: 13-22. DOI
  • Castro, J., Allen, C.D., Molina-Morales, M., Marañón-Jiménez, S., Sánchez-Miranda, Á. y Zamora, R. (2011). Salvage logging versus the use of burnt wood as a nurse object to promote post-fire tree seedling establishment. Restoration Ecology, 19: 537-544. DOI
  • Leverkus, A.B. y Castro, J. (2022). Capítulo sobre el experimento de Lanjarón (Sierra Nevada). Springer. DOI
  • Leverkus, A.B., Polo, I., Baudoux, C., Thorn, S., Gustafsson, L. y Rubio de Casas, R. (2021). Resilience impacts of a secondary disturbance: meta-analysis of salvage logging effects on tree regeneration. Journal of Ecology, 109: 3224-3232. DOI
  • Leverkus, A.B. et al. (2020). Salvage logging effects on regulating ecosystem services and fuel loads. Frontiers in Ecology and the Environment. Enlace
  • Thorn, S. et al. (2018). Impacts of salvage logging on biodiversity: a meta-analysis. Journal of Applied Ecology, 55: 279-289. Enlace
  • Espelta, J.M., Verkaik, I. y Navascués, P. (2013). La gestió post-incendi en boscos de pi blanc. Resultats del seguiment ecològic a llarg termini. CREAF y Diputació de Barcelona. Enlace
  • INRAE, UMR RECOVER. Restauración de pinares de pino carrasco en Saint-Mitre-les-Remparts. Enlace
  • Universitat de Lleida / CTFC. Anàlisi dels factors que afavoreixen la regeneració post-incendi d’un bosc. Enlace